69. Autostop

7590 km . Nukus

Las carreteras de Uzbekistán han acabado lo que las de Kazajastán empezaron. La bicicleta hace zigzags y el manillar tiembla. Tengo seis radios rotos en la rueda trasera y la llanta agujereada en tres puntos. Demasiada tralla. Ante la imposibilidad de continuar paro a un camión uzbeco. Madi es el conductor, fue guía turístico en Samarkand y habla inglés. Amarramos la bici en la panza del camión. Pobrecita, cada vez le estoy cogiendo más cariño. Cuatro días pedaleando por el desierto dejan a uno bastante tocado. Madi me sugiere que duerma un poco en la litera del camión y así lo hago. Antes de llegar a Nukus paramos a comer. De nuevo no quieren que pague nada. Por unos 2 euros tienes plato principal, pan uzbeko y bebida o té. Los restaurantes y casas tienen nidos de golondrinas y otras aves en su interior, así mantienen a ralla a los insectos y ahuyentan a las serpientes.
Me bajo del camión a las afueras de Nukus y allí conozco a Sherot, un joven uzbeco de Bukhara amante de Michael Jackson y que sueña con trabajar en EEUU. Está acompañando a su hermano que es camionero. Sherot habla inglés con un accento americano nativo extraordinario de tantas veces que ha escuchado los audio cursos en su mp3. Sin embargo la comprensión la tiene mucho más desentrenada. Tomamos un taxi, parando el primer coche que vemos. Hay pocos taxis oficiales, la inmensa mayoría es gente normal que si le va bien acercarte además se saca un dinero extra. En Nukus no hay tienda de bicicletas pero en el bazar arreglan de todo. Después de estar cinco horas de acá para allá tengo una llanta trasera nueva, con más radios, tan sólo 4 piñones y de dudosa calidad. Por suerte he pagado precio local gracias a Sherot, unos 15 euros.
Es el tercer día en Uzbekistán y por normativa legal debo realizar el primer registro en un hotel pero los pocos que encuentro son solamente para locales, lo que implica que no me constaría el registro oficial. El taxista no tiene ni idea y Sherot no es de esta ciudad. Conseguimos un número de teléfono de un hotel donde supuestamente sí me pondrían el sello y me piden la friolera de 70 dólares. Decido pasar la noche con Sherot, su hermano y otros conductores en el párking de camiones donde comemos Plov y duermo en las literas de un camión.2015-05-27_08.03.012015-05-26_22.15.312015-06-05_22.33.282015-06-05_22.37.18

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