63. Un espejismo llamado Baku

6750 km
Baku dista mucho del resto Azerbaiyán. Modernas construcciones faraónicas, automóviles de alta gama y tiendas de lujo. Sin embargo en el resto del país cuesta encontrar pueblos asfaltados. Según algunos azerís esta brecha es el legado comunista unido a una clase política corrupta. En su actual y presunta democracia el presidente es hijo del último gobernante y no hay más partidos políticos que le hagan frente. El petróleo emana del suelo y éste es propiedad del estado. A pesar de eso la mayoría del pueblo azerí se siente orgulloso de su presidente y de su capital.
Los visados para Kazahastán y Uzbekistán se demoran una semana. Tengo la fortuna de conocer a Tiffany y Quique. Ella es americana, profesora de guardería y excelente cocinera. El es valenciano, profesor de español y excelente catador de recetas. Mientras espero las visas descansado en su casa me informo cómo cruzar el Caspio. Mejor dicho, cómo diablos cruzar el Caspio. No hay fuentes oficiales. No existen horarios. Hay que esperar que un barco de carga llegue al puerto. Pueden pasar entre cinco días y dos semanas. Cada mañana debes llamar a el puerto, cruzar los dedos para que te descuelgue Vika que habla inglés y preguntar si hay barco. Mejor hacerlo dos o tres veces porque las informaciones nunca son fiables al cien por cien. Al tener el Ok debes ir al puerto a las afueras de Baku y pagar el ticket. Si eres afortunado el barco saldrá de ahí mismo, de lo contrario tienes que ir a Alat, a 70 kilómetros al sur.
Tras intentarlo dos días sin éxito una estudiante de Quique se presta a llamar, al hablar azerí todo parece simplificarse. Anotan su número de teléfono y la avisarán con seis o siete horas de antelación. Pasan los días y no hay llamada. Ya hace dos semanas que llegué y mi visa en Azerbaiyán caducará si no salgo pronto del país. Para tenerlo todo más atado voy a las oficinas del puerto en autobús. A las a fueras de Baku están los astilleros. Nada hace pensar que en esa caseta amarillenta con una puerta metálica gris se vendan los billetes del ferry. Al fin le pongo cara a Vika. La conversación que tenemos es algo así: yo «Ferry to Aktau?» Vika «if you can be here in one hour, yes». Una hora para ir a por la bici y volver. En bus he tardado 45 minutos. Subo a un taxi y negocio con prisas el precio. De camino pienso en la llamada que no he recibido para avisarme con antelación de la llegada de este ferry. A la hora y cuarto estoy de nuevo en los astilleros, esta vez con todo mi equipaje. Un agente de aduanas me chequea el pasaporte y ladeando la cabeza dice «problem». Acudimos a Vika para que haga de intérprete. Está colgada al teléfono unos larguísimos minutos. Lo que el agente quiere decirme es que no me registré en ningún hotel de Azerbaiyán y la sanción es de 300 dólares. Si no pago me vetarán la entrada durante los dos años siguientes. «Que hi farem». Pero el trámite burocrático me lo harán en Baku centro y el barco está a punto de zarpar. De nuevo en un taxi, a toda pastilla, con la incertidumbre si todo este cirio servirá para algo. A la hora bajo corriendo del taxi, cruzo la oficina y le doy al agente el papel oficial necesario para salir del país. Por fin. El barco es el ……… y hay una cola de camiones esperando a embarcar. También seis viajeros de diferentes países europeos. Algunos llevan días esperando en el puerto. Al escuchar eso me siento muy afortunado a pesar del intenso día. Una pareja de suecos de unos sesenta años viaja en un todoterreno convertido en caravana, otra joven pareja también de Suecia igual lo hacen en coche. Hay un francés motorista y un inglés, el más loco de todos que como no, viaja en bicicleta.










Hi German! It’s Alexey from Khiva, u remember me?? U met me on Khiva’s tower 🙂 P.S This places so beautifull!! And where r u travelling these days?