45. El Mar Negro

4111 km
Dogancili a Kavakoz a Bozkoka a Hediyeli a Kadirna
Sile no es muy grande pero encuentro donde comprar un teléfono con cámara. Tiene una playa de arena muy grande. Sigo subiendo y bajando montañas para encontrarme con las playas. Me detengo en una pequeña aldea de unos 100 habitantes y conozco a Utkucan Saka. Es un joven universitario de Estambul que los fines de semana va al pueblo a ver a su familia. Tienen un supermercado. Ayer hicieron reunión familiar y tiene borek casero que me ofrece, además del té que nunca falta. Paseamos por el pueblo, me explica su historia, todos se conocen. Mucha gente marchó a Ankara o Estambul en busca de trabajo. Las casas son de estilo tradicional, de dos plantas y la de arriba más grande y de madera. Vamos a la mezquita, el imán del pueblo ha dicho que no compren en el comercio de su familia porque venden alcohol. Hace un día soleado y como me suele pasar me he entretenido demasiado. Sigo trepando montañas hasta que doy con una playa en Kavakoz. Hay un chiringuito de verano que está cerrado y el pueblo queda a unos dos kilómetros hacia el interior. Estoy solo. Por fin solo con el Mar Negro. Preparo la tienda mientras anochece y hago una pequeña hoguera. Se levanta un poco de viento pero el mar está en calma. Es una playa de arena clara, con troncos y algunos envases que las mareas han traído a la orilla. Duermo de maravilla.
Por la mañana una misteriosa niebla ha invadido la playa. Hace frío y todo está húmedo. Recogo rápido y me pongo la ropa de lluvia. Al llegar al siguiente pueblo costero la playa es un espectáculo natural hermoso. Las olas entran en la bahía rompiendo sus crestas y llegan a la playa ya sin fuerza. El viento sopla y unos nubarrones negros se acercan hacia tierra firme. Las tonalidades del mar van cambiando a medida que las nubes se aproximan. Pedaleo hasta el faro y el viento me bambolea. Ante la que se avecina decido seguir el camino y buscar refugio lo antes posible. Tras unos kilómetros encuentro unas casas en obras inacabadas con apariencia de estar así hace muchos años. El acceso es algo complicado por la maleza que ha crecido en el recinto. Empieza a llover así que hoy haré noche aquí. Busco madera y hojas secas para hacer fuego y calentarme, empieza a hacer frío de nuevo. Estamos a unos 5 grados. En la oscuridad de la noche me doy cuenta de mi error. La hoguera ilumina la casa y al estar en un valle completamente sin iluminación todos los autos que pasan por la carretera se percatan de mi presencia. Espero a que queden las brasas para acostarme. Varios coches han aminorado la marcha al ver el fuego. Voy a dormir intranquilo.
Sin haber descansado bien prosigo el camino. Voy en busca de la D220 para evitar estas carreteras de pendientes endemoniadas. Está lloviendo. Cuando encuentro la susodicha vía es un placer rodar por ella. Las subidas y bajadas no cesan pero ya no me obligan a bajarme de la bici para empujarla cuesta arriba. Tras 50 kilómetros y a pesar del traje de lluvia estoy mojado. Cuando dejo de pedalear el frío se apodera de mi. De nuevo he de buscar refugio ya que si acampo en la tienda tengo números de ponerme malo. Después de varios intentos fallidos doy con una antigua tienda en desuso. Hay un par de casas cerca y pregunto si podría pasar la noche allí. No parece importarles. Estoy feliz de tener cuatro paredes y un techo. Me cambio la ropa mojada, junto dos mesas y pongo encima la esterilla y me meto en el saco para entrar en calor. Es un local de unos 15 metros cuadrados con estanterías con pegatinas de precios y pósters de alimentación del año de la cataplum.
A la mañana siguiente al salir del local dos enormes perros me dan un caluroso buenos días mostrándome los dientes y bajando las orejas. Les tiro el trozo de pan que estoy comiendo a ver si se lo comen y eso aún les enfurece más. Les entiendo, estarán pensando quién es ése, nunca le hemos visto. Me voy alejando y dejan de seguirme. Hacía sol pero vuelve a llover y hay pronóstico de nieve. En cuanto llego a Kadirna, el pueblo más grande de la zona, busco su único hostal resguardo a esperar la nevada.























Hola Germán,
Però quines «aventures» que t’estan passant!!!!
És una passada saber per on ets amb el GPS, i així podem veure la magnitud del teu viatge.
Molta sort.
Molts records des de Barcelona 🙂
Victòria, Albert i Mireia
Bona nit Victòria, Albert i Mireia! És una eina genial. A més es poden penjar fotos al mapa si tens Internet. Una abraçada!
Me parecen alucinantes los tres refugios nocturnos que describes en el post. El apartamento de la playa con vistas al mar, la casita de montaña con chimenea y el dúplex con solarium de la foto…chapó!!
Y todo por el módico precio de 0 euros…el que no va de vacaciones es porque no quiere!!
duplex con solarıum! tu sı que sabes vender el producto!