43. Accidente en el Bósforo

3994 km

Estambul a Anadolu Kavagi

La burocracia turca en Estambul ha sido desesperante. Veinte pasos distintos en nueve oficinas distintas para que me dieran el paquete enviado desde España. En ocasiones se trataba de que me pusieran un simple sello o una firma sin tan siquiera mirar de que se trataba. Para mas inri nadie hablaba inglés y suerte de Astrid, que chapurrea algo de turco. Lo peor de todo es que se trataba de un error por su parte en la tasación para pagar las taxas y la única manera de obtener un paquete que debería llegarme al domicilio era hacer esta estúpida y larga gincana. Pero ya está, tengo el paquete!
Me ha llegado un GPS Garmin Edge 20 y un localizador Racetracker cortesía de GAES centros auditivos. Además mi familia me ha enviado una tableta que me vendrá de maravilla para hacer el blog. Monkeyonthebike ha mejorado significativamente su nivel tecnológico!
Hasta ahora todo lo gestionaba desde el smartphone, un Samsung Galaxy S5. Me ha servido de teléfono, de gps, de cámara fotográfica y de ordenador para hacer el blog. Me ha dado un resultado excelente pero tiene sus limitaciones. Una batería que no dura más de 12 horas y en muchas ocasiones las situaciones meteorológicas no son las propicias para sacar el móvil.

Reemprendo la marcha. Cruzo el mar de Mármara por el metro subterráneo y subacuático ya que los ferris están cerrados por temporal de viento y oleaje. La manera más fácil de ir hacia el este es la carretera D220 pero decido seguir el Bósforo con la intención de ver playas y simplificar la orientación. El estrecho quedará a mi izquierda y tan sólo he de seguirlo hasta el mar negro. A la hora de estar sobre la bici empiezo a percibir que no ha sido una decisión acertada. No hay ninguna carretera que siga la costa en linia recta. Son montañas a las orillas de Bósforo y tras escalarlas suelo tener que desviarme hacia el interior porque esta repleto de recintos militares que me hacen serpentear sin sentido. Las rachas de viento son terribles. Me detienen casi al completo en medio de las bajadas y me bambolean a su merced. Paro a tomar un té en un bar-cabaña al lado de la carretera y las ráfagas hacen estremecer los tablones de madera. Hoy tengo que acampar pero si sopla así la tienda no aguantará mucho. Tras el descanso la carretera se adentra en un bosque con una inclinadísima pendiente. Avanzo despacio frenando y con un pie fuera del pedal. De golpe y porrazo unos fuertes silvidos y empiezan a zambalearse las copas de los árboles. Algo golpea el manillar de mi bicicleta y cuando me doy cuenta están lloviendo piñas de los árboles! Suelto frenos y «campi qui pugui». La escena es de película. Veo como caen piñas, la pinaza revolotea y la carretera está invadida por ramas y hojas. Bajo hasta llegar al nivel del mar y nuevamente me topo con una base militar. De una buena me he salvado, pienso. Es entonces que miro de orientarme y no encuentro el móvil. Recuerdo haberlo puesto en el soporte del manillar tras la parada del té. Y me ilumino. El fuerte golpe que noté antes en el manillar probablemente fuera una piña y me habrá hecho saltar el móvil con soporte incluido. Media vuelta.
El viento ha aminorado. La pendiente es inhumana. Subo unos diez minutos hasta que dejo la bicicleta candada a una señal y sigo a pie. Que rápido he bajado y que lento subo. La carretera es un mercadillo de piñas, ramas y hojas. Oigo el motor de unos quads acercándose. Les hago señas y me subo a uno de ellos. A unos 500 metros más arriba encuentro el cadáver de mi querido teléfono. La funda se ha hecho trizas y el móvil además de tener la pantalla hecha trizas también tiene forma de cuchara por lo intuyo que algún coche le habrá dado el estoque final.
Qué paradoja. Me espero durante dos semanas a un paquete con tecnología y cuando lo recibo, una piña cae encima del teléfono y lo deja pajarito.
Lo más fastidioso es que me quedo sin cámara fotográfica y motivo por el cual esta entrada no tiene fotografías.
En fin, hay que seguir. Llego a Anadolu Kabagi y me encuentro con una subida que me hace bajarme y empujar la bicicleta. Estoy en el castillo de Yoro. Tiene una vista sensacional del Bósforo pero debido a su privilegiada vista de águila también le azota el viento sin piedad. Recorro las ruinas y doy con un bar veraniego cerrado por temporada, en frente hay una caseta con las paredes de lona con cremallera. Asomo la cabeza y dentro hay parasoles y mesas amontonadas. Es un refugio sin igual. Son las cinco y cae el sol. Meto la bici y saco el fogón. Leche caliente y miel. Qué sorpresa cuando descubro que un poco más arriba hay un restaurante y eso hace que por delante de la caseta pasen todos los clientes. Trato de no hacer ruido y no encender la linterna. En un descuido un gato se ha zampado el embutido que dejé sobre la bici. El viento sacude las lonas y cuesta conciliar el sueño. Me pongo los tapones de los oídos y el gorro que me tape las orejas. Y así, medio sordo, me es fácil quedarme dormido.

Posted from Anadolu Kavağı, Istanbul, Turkey.

2 Comments on “43. Accidente en el Bósforo

  1. Sobre la muerte del móvil, la verdad es que estoy sorprendido de lo lejos que ha llegado, pensaba que no vería Italia…
    Lo recordaremos como un héroe que tan buenas fotos nos dejó y esperemos que el substituto esté a la altura!!
    Por cierto, larga vida a la tablet!!
    Abrazos!

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