67. Explorando tierras kazajas

7250 km . Beyneu . salina

Llegamos a Beyneu y como era de esperar no hay ninguna tienda o taller de biciletas. El hombre que me acompaña en su furgoneta no es de este pueblo y pregunta varias veces hasta dar con una dirección. Hace sonar el timbre de una casa y tras una breve conversación aparece una mujer con una rueda entera nueva. Es de mala calidad y tiene solamente un piñón. Tratamos de montarla y no encaja. Son las siete de la tarde, el día ha sido movidito y casi no he comido. El conductor también algo desilusionado al no encontrar solución me habla y gesticula pero no entiendo nada. Le doy las gracias y bajo la bicicleta de la furgo. Estoy en un pueblo muy lejos de todo y con la bici rota. Necesito una ducha y comer. La buena noticia es que Beyneu al estar cerca de Uzbekistán dispone de varios alojamientos para los transportistas que hacen largas rutas. Me alojo en el motel Nuray por unos 8 dólares noche y desayuno.
Por la mañana un huésped del motel me acompaña a un desguace y varios hombres chequean mi bicicleta. Con una radial improvisan una herramienta y logran prensar la caja de piñones y así arreglarme la bici. No me quieren cobrar y me han sacado de un gran apuro.
Paso los siguientes dos días vistando el pueblo, el bazar, la plaza central, las calles de negocios, las zonas residenciales. Para el ojo poco entrenado todo parece igual y no sabes ni donde comprar el pan. Los edificios son de una, a lo sumo dos plantas. La arena lo invade todo y mujeres con escobas le hacen frente. Los rasgos asiáticos y vestidos tradicionales con alegres estampados prevalecen. Sólo hay dos cajeros automáticos y la gente se amontona, no se toman distancias y los locales miran sin titubear las transacciones que haces. Hasta tal punto que una muchacha tratando de ayudarme introduce mi tarjeta y marca mi pin sin que se lo dijera previamente.

Estoy muy cerca de Uzbekistán pero mi visado no empieza hasta dentro de cinco días y decido irme unos días de excursión. La idea inicial es ir a Kulsary pero desisto a los pocos km. Una tormenta de arena sacude la zona. Ríos de arena cruzan la calzada y el ruido es ensordecedor. No quiero volver al motel y pagar por no hacer nada. Encuentro un camino sin asfaltar que se desvía de la corriente frontal del viento y según el GPS me llevará hasta un lago. A las pocas horas acampo. No he visto presencia humana más que el sendero que voy siguiendo y que en ocasiones se difumina haciéndome dudar si será posible llegar a la mancha azul de mi gps. Prosigo la marcha por la mañana. Sube colina baja colina. Sin cesar. Lagartijas me hechan carreras al verme pasar. El viento es más suave pero pega de cara. Encuentro varias tortugas y alguna serpiente tomando en sol. A mediatarde he llegado al lago. Resulta ser una salina casi sin agua. Ni rastro de personas en todo el día. El agua adquiere un tono verdoso transparente. La sal se amontona. Parece un lugar idílico para pasar la noche y monto el campamento. Mi sorpresa es al despertarme de madrugada con un ruido frenético por las sacudidas del viento y el agua en la tienda. Hasta tal punto que hacen saltar las fijaciones y me cae encima. No es tarea fácil volver a montar la tienda de noche, lloviendo y con ese viento.

Suficientes aventuras por estos días.

De vuelta en el motel Nuray conozco a Culviek, el propietario. Es un hombre de unos cincuenta años con mujer e hijos. Hacemos buenas migas rápidamente y se empeña en mostrarme de primera mano la cultura kazaja. Vamos a visitar un cementerio kazajo y unas mezquitas escarvadas en la roca. Hace que abran el museo de historia de Beyneu que está en reformas. Me lleva a una boda de un pariente suyo. Hasta cuando veo en un cartel la foto del campeón de lucha de Asia se encarga de que pueda asistir a uno de sus entrenamientos. No me cobra por estar en su motel ni por las comidas. Un buen ejemplo de hasta donde puede llegar la hospitalidad kazaja. Como ya es habitual desde hace unos meses todo esto sin poder mantener conversaciones normales, no habla inglés ni español y yo no hablo ruso ni kazajo. Según Culviek durante el periodo soviético hubo una pérdida de identidad en el país y algunas familias como la suya lucharon por mantener tradiciones como la de saberse el árbol genealógico hasta 13 generaciones. Le pongo cara de que es un farol y me los escribe en una servilleta.

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One Comment on “67. Explorando tierras kazajas

  1. Герман ты мужественный человек,я поражаюсь!Желаю тебе выполнить все задуманное и возвращение здоровым к родным! Надеюсь когда-нибудь встретимся!

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