Soy Germán G.R nacido en 1984 en Girona, España. Viajo en bicicleta. El cinco de octubre de 2014 salí de Sant Feliu de Guíxols rumbo al Este. Sin experiencia previa y cargado de dudas pero siguiendo mi instinto. En esta web escribo las crónicas de mi viaje.
7100 km . desierto Mangystan
Cargado con ocho litros de agua y sin saber muy bien lo que me espera me adentro en el desierto de Kazajistán. La carretera es pésima y tengo que ir sorteando los agujeros en la calzada. A los 60 km de Aktau hay una gran depresión del terreno. La primera noche acampo a -113 metros en medio de la nada. A partir de las diez de la noche no pasan coches por la carretera. El silencio sólo lo interrumpen extraños ruidos de animales y el cielo está plagado de estrellas.
Los dos días posteriores me encuentro de todo, desde carretera sin asfaltar hasta vías nuevas. Los paisajes son excepcionales. A pesar de ser desérticos van cambiando la geografía y la flora. El calor empieza a apretar. Los cláxones de los camiones me aturden mientras intento mantener el equilibrio entre las nubes de polvo que se forman cuando me adelantan.
Cuando llego a algún pueblo los kazajos se muestran curiosos y piden que les fotografíe. Las calles están invadidas por la arena y tan sólo existen los negocios más fundamentales. Camellos y caballos campan a sus anchas por inmensas extensiones de terreno.
Al cuarto día habiendo cruzado ya la mitad del desierto rompo el eje de los piñones de la bici al afrontar una pendiente. Los piñones se mueven adelante y atrás y eso hace que yo pueda pedalear pero la bici no avance. No hay tracción y no tengo herramientas ni conocimientos para arreglarlo. Estoy a 200 km de Beyneu, el próximo pueblo y a 250 km de Aktau.
Me siento a valorar las opciones. Hace calor. Poco puedo hacer, acabaré de subir hasta la cima arrastando la bici, disfrutaré la bajada y luego intentaré parar a un camión. Mi gozo en un puzo, no todo lo que sube baja pero la suerte me sonríe cuando un coche para al verme arrastrar la bici se presta a ayudarme. Para a un Lada 4×4 y cargamos la bici. El conductor tiene unos 60 años y no habla ni papa de inglés. Me deja en un bar de carretera a unos 100 km. Canto como una almeja y eso me ayuda a encontrar a alguien que me acerque a Beyneu.
Sentado en el asiento de la furgoneta después de tanto traqueteo me invade un dulce sueño contra el que trato de luchar dando cabezazos al aire. Qué diferente se ve el desierto sentado en un coche con aire acondicionado y música de fondo. Sin preocuparse del agua, la comida, el viento, la calor, la carretera, el cansancio… Sinceramente prefiero la bicicleta.
6850 km . Aktau
Finalmente desembarcamos entrada la medianoche. Dos militares nos acompañan a realizar el registro de entrada. Me llama la atención sus rasgos asiáticos y su buen humor a esas horas de la noche. El objetivo es que me pongan el doble sello. De lo contrario dentro de una semana tendré que ir a un hotel para que me lo den y no se si encontraré alojamiento fuera de Aktau. Con una gran sonrisa le doy el pasaporte a una señorita con cara de pocos amigos. Lo alza con la mano y me mira de reojo varias veces. La foto es de hace 4 años. Me habla en ruso y yo le hago el gesto de ponerme dos sellos aguantando la sonrisa. Por fin cede y se le escapa una risa, tengo los dos sellos!
Pasamos la noche en el puerto. Un camionero turco me invita a dormir en su camión. En la cabina tras los asientos tiene dos literas. Por la mañana nos organizamos para ir a Aktau con el motorista francés, la pareja que van en coche y el inglés que viaja en bici. Un grupo variopinto y difícil de organizar porque los ritmos son muy diferentes y nadie tiene móvil.
Es 9 de Mayo y se conmemora los 70 años de la derrota nazi. Las calles principales están cortadas y se respira un ambiente de festividad. Los niños van vestidos como militares rusos y hay desfiles de veteranos de la segunda guerra mundial. En la plaza central de Aktau hay montada una gran tarima donde niños y niñas cantan victoriosos himnos en ruso mientras unas grandes pantallas muestran imágenes de tanques, barcos y aviones soviéticos bombardeando ciudades. Se independizaron de la URSS en el 91 y la mayoría de kazajos tiene muy buena opinión sobre Rusia. Acampamos a unos 40 km a las afueras de la ciudad, donde empieza el desierto. Al día siguiente regreso a la ciudad para comprar una cocina de gasolina, comida y agua. Me preparo para cruzar el desierto de Mangystan. Son 400 km con puestos para comer o beber cada 70 o 100 km con carreteras sin asfaltar o repletas de baches.



