Soy Germán G.R nacido en 1984 en Girona, España. Viajo en bicicleta. El cinco de octubre de 2014 salí de Sant Feliu de Guíxols rumbo al Este. Sin experiencia previa y cargado de dudas pero siguiendo mi instinto. En esta web escribo las crónicas de mi viaje.
3956km – Estambul
El envío se ha retrasado y me veo obligado a alargar mi estancia en la ciudad. Pasaré una noche más en el hostal y luego buscaré a alguien que me pueda alojar para no salirme de presupuesto. El hostal es el World House Hostel, os lo recomiendo si buscáis un sitio céntrico, limpio, económico y que además son simpáticos. Da la casualidad que un grupo de estudiantes de Chiclana de la Frontera se aloja también aquí. Es un placer poder hablar de nuevo en español y escuchar las anécdotas del viaje que están haciendo con la escuela. Preparan una obra de teatro con grupos de alumnos de diferentes países. Desde aquí les deseo mucha suerte.
Me voy a merodear por la ciudad y subo a la torre de Gàlata, s.XIV. Hace un sol radiante y veo son problemas el continente asiático, el palacio de lo sultanes, santa sofia, la mezquita azul… Entro en una mezquita y presencio el momento de la oración. Recitan para ellos mismos versos en árabe pero la mayoría no entienden esa lengua. Cuando acaba el rezo me acerco a unos voluntarios. Son un hombre y una mujer que se prestan a informar a turistas sobre el Islam. Pregunto mucho y ellos me responden muy gentilmente. Afirman que según el Islam no existe la relación de amistad entre hombres y mujeres. La mujer debe tapar su rostro y manos. Todo esto para evitar la tentación y así proteger a la familia. Desaprueban lo que está sucediendo en Siria e Irán. «Están matando a musulmanes en nombre del Islam, qué sentido tiene eso». Me despido, le doy la mano al caballero y al tendérsela a la mujer muy amablemente se disculpa diciéndome que no se estrecha la mano con hombres por respeto a Allah. Saliendo de la mezquita conozco a tres universitarias francesas que estàn de vacaciones, hacemos buenas migas y pasamos el resto del día juntos.
He encontrado a Astrid, casualmente también francesa. Trabaja en Estambul y me acoge en su casa mientras espero que llegue el paquete. Profesora de francés en el Liceo Francés, valga la redundancia. Vive con Morris, un carlino de siete meses. Hace casi tres anos que llegó a la ciudad y parece que va para largo.
77km – 3956km- Silivri a Estambul asian side
Entrar a Estambul en bicicleta es un acto que catalogaría entre heroico y estúpido. Sólo hay una carretera de entrada, la D-100. Tres carriles en ambos sentidos y sin arcén. Polución. Coches pasando a todo gas sin respetar distancias. Y casi peor que todo eso, el ruido. Un ruido irrespetuoso de los coches al pasar unido con los cláxones de los conductores menos pacientes. Debo cruzar el Bósforo ya que Ayca vive en la parte asiática. Por fortuna esa carretera infernal pasa al lado de la terminal de ferries. Todo ha sido muy rápido. Un poco atropellado. Con el malestar aún en el cuerpo subo al ferry. Está anocheciendo. Al alejarnos del puerto veo dos imponentes mezquitas iluminadas en lo alto de una colina; todavía no lo se pero son Santa Sofía y la Mezquita Azul. Estoy cruzando en Bósforo, voy a pisar Asia. El malestar se desvanece mientras contemplo maravillado Estambul, la puerta a Oriente.
Sin demasiados rodeos encuentro la calle donde vive Ayca. Me ha preparado yaprak manti para cenar, una deliciosa comida turca. Ayca me explica el concepto de «macho» en Turquía y me muestra su desacuerdo con el actual gobierno. Sobre el Islam «es una religión hecha para los hombres». Por la mañana hacemos el recorrido turístico habitual, hay tantísima gente que se provocan tapones humanos en las calles cercanas al bazar. Estambul conserva esa esencia de capital de grandes imperios.
Recibo respuesta de un mail. GAES centros auditivos me facilitará un gps y un geolocalizador. Con esas herramientas además de no perderme podré mostrar un mapa en este blog donde se vea cuál es mi posición a tiempo real. Espero tenerlo operativo en el blog la semana próxima. Para poder realizar el envío, GAES necesita una dirección de un hostal, busco uno y mientras espero a que llegue recorro Estambul con calma, sin prisa, como un ciudadano más. Si todo marcha en 2 o 3 días podré seguir mi camino.
148km – 3879km – Edirne – Corlu – Silivri
Tras pasar la frontera llego a Edirne. Mientras cruzo un antiguo puente romano junto a una mezquita el imán hace la llamada a la oración y acto seguido varias mezquitas responden con el mismo canto en árabe. Es un momento mágico. Turquîa me da la bienvenida.
Me encuentro con Kubra y vamos a su casa para dejar la bici. Tiene 26 anos, es enfermera y está viviendo en Edirne por trabajo. Vamos a cenar con unas amigas suyas a un restaurante repleto de gente. Costillas rebozadas, pepino en rodajas, tomates, pan y para beber yogurt con agua y sal. De postre baklava…mi perdición.
Son unas personas muy abiertas y podemos hablar sin tapujos de la cultura turca y del Islam. Todas ellas son musulmanas aunque no sigan al pie de la letra el Coran. No es fácil rezar cinco veces al día, no beber alcohol y no tener amistades masculinas para unas chicas jóvenes del siglo XXI. En ocasiones se encuentran en conflictos familiares por esos temas. Todas ellas viven solas y no están casadas, las familias màs tradicionales no lo ven bien.
Al día siguiente nos vamos a recorrer la ciudad. Un mini bus nos lleva al casco antiguo. A lo lejos veo unos enormes minaretes que sobresalen del skyline de la ciudad. Es la mezquita de Selim. Y los minaretes son los mas altos de Turquía con 70 metros de altura. La mezquita fue construida por el sultán otomano Selim II en 1575 y es una obra de arte.
Cada mes de Julio se celebra el torneo de Kirkpinar de lucha con aceite en Edirne. Mientras recorremos las galerías de un museo me cautivan los numerosos retratos de luchadores turcos del antiguo imperio otomano. A día de hoy sigue siendo un importante torneo en el país.
Sigo mi ruta hacia Asia, ya estoy cerca. La carretera es completamente recta, con un arcén generoso aunque en ocasiones lleno de lodo. Sea como fuere acabo bien sucio el día. Entrando a un pueblo paso delante de un edificio que tiene escrito Casino en la entrada y una caseta de seguridad con dos guardias. Un hombre uniformado me pregunta quién soy y me invita a pasar. No es un casino, es una base militar y estoy con el teniente. Me ofrece comida y té. Resulta ser un especialista en desactivaciœn de explosivos. Habla con acento british. Le pregunto sobre los Sirios y me dice que son un gran problema en el país. La mayoría huyen de la guerra y no tienen papeles ni trabajo ni dinero. En Estambul se calcula que viven dos millones de sirios. El teniente es musulmán y quiero saber que piensa de los yihadistas, «Lo que hace esa gente va en contra de los principios del Islam» me dice.
Sigo mi camino, llego a Silivri y me reencuentro con el mar, esta vez el mar de Marmara. Llego al atardecer, el mar es una balsa y unas nubes en el cielo le dan la apariencia de un espejo. Hablo con unos jóvenes que me acompañan a una pensión. Me piden 15 liras (fifteen) me parece muy barato (5 euros), entro la bici, dejo las cosas en la habitación y bajo a pagar. Ahora son 50 liras (fifty). Me dice que ha sido una confusión bla bla bla al final lo cerramos por 30. Por la mañana la mujer de la panadería me regala un trozo de borek y me subo a la bici dirección Estambul.